martes, 29 de septiembre de 2015

Soy una persona profunda en lo que a mí misma respecta. Me gusta rendirme cuentas, tener que perseguirme buscando explicaciones. Me gusta cuando se pone todo negro a mi alrededor, que el abismo me engulla y me escupa, dejándome sola y aterrada. Me gusta ser inestable porque solo entonces soy feliz. O solo entonces estoy más cerca de serlo. Es como si recrearme en mi dolor fuese satisfactorio. Que no lo es, pero lo parece.

Me gusta hablar conmigo misma -no mis letras pero sí mis palabras-. Me gusta que la tinta corra en una única dirección de no retorno, que venga a mi. Me gusta ser el centro de mi prosa, de mis versos...no quiero que le correspondan a nadie que no sea yo. No quiero compartir con nadie mi horror, jamás atribuirle a alguien el mérito de hacerme derramar lágrimas afiladas como cuchillos.

Mi oscuridad es solo mía,
mi silencio soy yo,
nadie se merece mi compasión,
tan solo abrazaré mi alma.

Jamás volveré a confundir mis sentimientos con un nombre, jamás volveré a ponerle cara al amor y al dolor que arrastra tras de sí, devastador.
Solo estoy yo conmigo, y me sufro, pero no caeré en la trampa de depender de alguien que no sea quien me mira a través de los ojos del espejo.

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