domingo, 19 de mayo de 2013

Llueve.
Mi casa esta vacía, terriblemente vacía desde que ya no estás en ella. Aunque quizás tu estancia aquí solo fue producto de mi imaginación. Quizás lo único que me acompañaba era la necesidad de tenerte. En ese caso, se podría decir que he pasado página, que ya no necesito tus brazos o tu aliento en mi nuca. Pero...¿qué clase de ilusa sería si me creyese mis propias palabras?
Toc, toc.
Llaman a la puerta. Me pongo una gigantesca sudadera y me arrastro hasta la entrada. No tengo ganas de visita y muchísimo menos, ganas de arreglarme.
Toc, toc.
-¡Ya voy!- Grito sin mucho entusiasmo.
Abro la puerta y me quedo quieta. Muy muy quieta. Y siento cómo si un soplo de aire frío hubiese invadido mi casa. Ahí estás tú, con la mochila echada al hombro y un gorrito de lana. No sonríes, pero tus ojos ya lo hacen por ti. Pasan un par de minutos y ninguno decimos nada, solo somos ojos. Miradas que se estudian, que intentan entender cómo después de tanto tiempo estamos tan cerca, que tratan de saber sí estamos soñando o sí realmente podríamos tocarnos cono solo estirar el brazo.
Y por fin ese delicado silencio, acaba. Coges aire y puedo inspirar tu aroma gracias a ese leve movimiento.
-Hola.
Me cuesta reaccionar, es como si tu voz me desarmase.
-Pasa, pasa.
Me hago a un lado para dejarte pasar. El pasillo es estrecho e inevitablemente me rozas con tu brazo. Mi piel se eriza bajo la tela de la sudadera.
Llegamos al salón, donde dejas tus cosas y te acomodas en el sofá. Estoy hecha un manojo de nervios, quiero decirte tantas cosas...pero las palabras se me atascan en la garganta y lo único que espero es que me abraces y me mezas suavemente, susurrándome al oído que nunca me volverás a dejar sola.
-¿Quieres tomar algo?-Pregunto sin mirarte directamente.
-No, gracias. Estoy bien.
Silencio otra vez. Al poco, te incorporas y te plantas junto a mi. Sin darme tiempo a reaccionar y consiguiendo que el corazón se me desboque. Cosa que solo tú sabes hacer. Estás tan cerca...
-¿No vas a preguntarme por qué he vuelto?
-No, no es asunto mío.
Alzas las cejas, a modo de sorpresa, y se te escapa una pequeña risita al tiempo que meneas la cabeza.
-¿De qué te ríes?
-De nada. Es que no has cambiado en absoluto.-Haces una pausa y me miras con ternura.- No sabes lo mucho que  te he echado de menos
Mi corazón se encoje. Tengo la necesidad de pellizcarme, para asegurarme de que eres real, de que tus palabras son ciertas. Creo que voy a llorar. Te quiero tanto.
-Ey, pequeña.
Alargas tus brazos hasta rodearme y tiras de mi hacía ti. Me acaricias el pelo con dulzura y me besas la frente. Yo me deshago en lágrimas. Esto es demasiado hasta para mi. Recorres mi mandíbula con el índice y llegas hasta mis labios, dónde te detienes. Entre abres los tuyos y te acercas muy despacio, cómo si tuvieras miedo de que me aparte. Tu sabor me invade y tus labios se apoderan de los míos. Nuestros cuerpos se amoldan con rapidez, y aunque tan solo sea por un momento, todo vuelve a ser como antes. La única novedad es ese amargo y salado sabor que recorre mis mejillas hasta morir en tu boca.