sábado, 22 de diciembre de 2012

Me dirijo a la cocina, en busca de unos buenos tazones de chocolate, algo que ya es tradición para nosotros la tarde antes de Nochebuena. Alcanzo el tazón de Hello Kitty para la peque y uno con renos para mi príncipe. Pongo a calentar el chocolate mientras miro por la ventana. Hace frío y posiblemente está helando, pero como de costumbre no nieva. Y al pensar en esto sonrío.
Recuerdo la última vez que vi nevar aquí, hace seis años, una Nochebuena como hoy.
Acababa de llegar a casa, y las luces del árbol alumbraban hasta el recibidor. Me arrastré hasta mi cuarto con intención de ponerme cómoda y preparar algo de cena. Según mis cálculos él debería llegar dentro de una hora, así que si me daba prisa quizás le podría preparar su plato preferido. Si aún así me quedaba sin tiempo, siempre podría darle un poco del que también era el postre de sus sueños, llamado 'yo'. Al abrir la puerta de nuestro dormitorio me quedé sin habla. Ahí estaba él, con dos copas de champange y una sonrisa de oreja a oreja. Lo único que se me escapo fue un gritito de emoción, acto seguido me lancé a sus brazos. Después de varios besos con sabor a alcohol, me agarro de la mano y me llevo a nuestro acogedor salón. Una mesa adornada de velas presidía la habitación, y sin olvidarnos de ese precioso abeto artificial que le daba el toque navideño a la casa. Yo no podía parar de susurrar 'gracias' y que decir de mi embobada sonrisa. Nos sentamos en la mesa y saboreamos la comida y nuestros labios como si fuese la última noche de la tierra. De pronto, en medio de una broma tonta, él se levanto emocionado y me hizo asomarme a la ventana, estaba nevando. Me sugirió abrir la ventana y le grité que no, que si pretendía que cogiésemos un resfriado. Él río y me dijo que tenía algo para mi. '¿Aún más?' pregunté yo, sintiéndome la mujer más afortunada del mundo. Me señaló una bola del árbol y me obligó a cogerla. Yo obedecí y al hacerlo noté como algo sonaba en su interior. La abrí con cuidado y en su interior me encontré un reluciente anillo. Y la verdad es que recuerdo sus próximas palabras con total claridad, 'Está nevando, es Nochebuena, tenemos una casa llena de velas y el anillo que tienes en tus manos lleva un pequeño diamante. Y bien, ¿quieres casarte conmigo?'. Mi respuesta fue un 'te amo' al mismo tiempo que lo besaba hasta asfixiarlo.

De pronto un lazo rosa me saca de mi ensoñación.
-¿Mami, ya está mi chocolate?
La pequeña sonríe risueña hasta que su hermano entra corriendo.
-Si cariño, ahora mismo está listo.
-Muchas gracias mamá.
El pequeño empieza a dar vueltas a nuestro alrededor, incordiando a su hermanita, hasta que de pronto, como quién no quiere la cosa, se detiene y me mira con esos ojazos verdes que tanto me gustan.
-¡Mira mamá, está nevando!
Me giro y sonrío.
-Jorge, avisa a papi. Tiene que ver esto.

Para mi hermana, Paula. Te he leído el futuro princesa.

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