miércoles, 5 de septiembre de 2012


Una fiesta, una estúpida e inoportuna canción y nosotros. Bueno quizás debería empezar por el principio, pero eso me llevaría demasiado tiempo, porque vivimos mucho, quizás más de lo necesario. Demasiados momentos secretos, demasiados susurros que han perdido sentido día a día, demasiada dosis de ti. Bueno ahí estaba yo, era una noche fría, pero por suerte la pasamos en un antro caliente. El humo flotaba en el ambiente y a cada paso que daba algún borracho se tambaleaba. Me acerqué a la barra, a pedir algo fuerte, para acercar mi alma al infierno dos pasos de más. Y entonces comenzó a sonar una canción, de esas que significan más de lo que crees, de las que van envueltas en un paquete de recuerdos. Sin quererlo te busqué a mí alrededor, pero como de sobra sabía, no estabas.
-¿Un mal día?
Preguntó un chico joven, guapo y excesivamente seguro de sí mismo. Sonreía, con aire burlón, derrochando carisma y dejando ver sus quizás 'factibles' trucos para ligar. El problema es que yo no estaba de humor como para seguirle el juego. Así que negué la cabeza, recogí mi vaso helado y me aleje dejando atrás a ese joven que poco tardaría en reemplazarme por otra chica, esta quizás más ingenua y a la vez más fácil de llevar a la cama. Decidí salir fuera, a respirar un poco aire fresco. El gorila de la entrada se hizo a un lado, no sin antes revisarme de los pies a la cabeza tras esas gafas tintadas, con las que desde mi punto de vista mucho no podría ver dada la oscuridad de la noche. Sinceramente odio a ese tipo de hombres babosos, pero quizás por suerte o por desgracia había llegado un momento en el que mi orgullo feminista me había abandonado. Las luces de neón inundaban la calle, contaminación lumínica o el encanto de las masas, me es indiferente. Me apoyé en un muro de la discoteca mientras observaba mí alrededor. Varios coches pasaron a cien por hora, en su interior; jóvenes gritando, chutados de todo menos de adrenalina. La verdad es que la noche no había cambiado, igual la que había cambiado era yo, que ya no me divertían las mismas cosas, que una fiesta con música a tope y alcohol no me consolaba. Y de pronto vi tu coche, o lo que es peor, a ti en su interior. Pasaste despacio, bajando la velocidad del vehículo según te acercabas. Por un momento los nervios me invadieron, como si volviese a mis años de alocada adolescente que suspiraba por ti. Y he de reconocer que me ilusionó pensar como detenías lentamente tu coche junto a mí, invitándome a subir, comportándote como ese caballero que nunca fuiste. Pasaste de largo, sin mirarme ni percatarte de mi existencia y aparcaste  frente a un local un poco más sofisticado. Y para mi sorpresa ibas acompañado, aunque quizás he de decir que tampoco me sorprendió mucho, pero quería creer que no habías levantado cabeza después de mí. Por si no era suficiente vi como la joven salía del coche, medidas perfectas y unos taconazos que me impedían averiguar cuál sería su verdadera altura, y también pude observar como la agarrabas de la cintura y como la dirigías a las puertas del local en el que me encontraba apoyada. Quise huir, pero no lo hice, como suelen decir cada momento y cada decisión te cambia la vida, y por si a mí no me la habías cambiado lo suficiente, decidí enfrentarme una vez más al destino, o mejor dicho, a nuestro destino.

4 comentarios:

  1. Me suena a historia vivida. Me gusta mucho. -Albert.

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    1. Muchas gracias, pero no lo es:) Por cierto no me deja seguirte en tu blog. -Paula.

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  2. ME ENCANTA (con mayúsculas). Me gusta la forma en la que le pones vida a cada detalle y de como explicas lo que pasa al rededor en esa historia.
    ¿Me dejas hacerte una pregunta?: ¿Por qué ese título de blog? :)
    ¡Un beso!

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    1. Muchísimas gracias,me alegro mucho de que te guste y más de que también lo hagan los pequeños detalles:3 Pues la verdad por que 'La vie en rose' es una canción que me encanta, aparte de la principal en la BSO de una de mis películas favoritas. Un besito.

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