lunes, 13 de agosto de 2012



Estaba esperando en el parque. Sinceramente no sé a qué, pero estaba esperando y me mantenía impaciente porque ya era parte de mí día a día. Decidí sentarme. Hacía bochorno, era pleno agosto. Entonces como por arte de magia, apareciste tú. Lo de encontrarte sin planearlo, después de estar demasiado tiempo buscándote sin ningún resultado, también estaba comenzando a convertirse en rutina. Y para no faltar a la costumbre ibas cuidadosamente descuidado, tan perfecto como siempre, con tus zapatillas medio rotas, tu sonrisa torcida y tu dichosa colonia. Sin pedir permiso, quizás porque sabías que no lo necesitabas o quizás porque si preguntabas te arriesgabas a un no, te sentaste a mi lado. Acto seguido me apartaste un mechón rebelde que al escapar de mi improvisada trenza había decidido cruzarse por mi frente. Como de costumbre, el simple contacto de tus dedos en mi piel me produjo escalofríos.
- ¿Me has echado de menos?
- Sabes que aunque quisiera nunca lo haría.
- Una pena. Bueno si te sirve de consuelo yo a ti sí.
- ¿Y eso me debería alegrar?
Te quedaste en silencio, pensativo. Y antes de pensar si quiera en responderme, te encendiste un cigarrillo.
Expulsaste el humo con exagerada lentitud mientras me mirabas atento.
- Sé que en el fondo me quieres. Y no hace falta que respondas.
En esos momentos no sé que me atraía más, si tu estúpida arrogancia o tus frases aduladoras.
Pero esta vez tenía que ser fuerte, tenía que mantenerme fría e indiferente.
- ¿Por qué has venido?
- ¿Qué pasa? ¿Ahora tampoco voy a poder ir al parque sin tener que darte explicaciones?
- Claro que puedes. Es más siempre lo has hecho y siempre lo seguirás haciendo. Lo de no darme explicaciones digo.
Te acercaste más a mí, divertido. Sé que esto te gustaba, sé que para ti era un juego. Pero también sé que era y soy tu juego preferido.
- ¿Puedo preguntarte algo?
- ¿No lo estás haciendo ya?
- De acuerdo. Después de todo el supuesto odio que me tienes, después de todo, ahora que eras 'feliz'... ¿por qué no te has quedado con ese chico rubio con el que has estado últimamente?
- Es simple. No me pidió que me quedase con él.
- ¿Y qué pasa si yo te digo que te quedes conmigo?
- Me lo pensaría, pero no lo has hecho.
- Lo hice el otro día.
- Ya son pocas las veces que me dices algo bonito y voy yo y ni me entero.
Me besaste. Con fuerza, con rabia, con pasión, con ganas de matarme a placer. Y después de destrozarme el peinado, te apartaste. Con tu sonrisa burlona. Podía haberme resistido, pero no lo hice, la verdad es que me dejé llevar por las ganas que te tenía. Pero, ¿sabes? Ese día estuve segura de que por mucho tiempo que pasase, tus labios seguirían sabiendo igual.

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