miércoles, 29 de agosto de 2012

Siempre me gustó observar las estrellas, desde muy pequeña. Tan perfectas, brillantes e inalcanzables. Siempre quise vivir algo bonito bajo ellas, bajo un manto de estrellas que me protegiese. Y también quise pedir un deseo, y que como en las películas, se cumpliese. Vale, quizás tan solo era una niña ilusa a la que le gustaba alimentarse de sueños, pero nunca he creído que eso sea algo malo. Y por fin hace unos veranos vi mi primera estrella fugaz, sinceramente ni la recuerdo, porque también he de decir que después de esa han venido otras tantas. Y bueno continuando con mi pequeña fantasía de niña pequeña pedí mi deseo, bueno mis dos deseos, y por ridículo o poco creíble que parezca uno de ellos se cumplió. Sí, increíble, pero lo hizo. Así que no he perdido la ilusión con mi segundo deseo, que quizás es imposible, pero como suelen decir, la esperanza es lo último que se pierde.



martes, 21 de agosto de 2012

Cuando decía que me encantabas, lo decía en serio.

Sé que siempre me has considerado una cría y no te culpo de ello, ya que nunca te he dado razones para que creyeras lo contrario. Igual me gustaba que me tratases como a una niña pequeña, no lo sé. Pero sé que me gustaba estar a tu lado. Por desgracia no tengo quejas para ti, y digo por desgracia porque si las tuviese aunque tan solo fuera para discutir, seguiríamos hablando y seguiría escuchando esa voz tan tuya, esa voz que tanto me gustaba. La verdad fuiste la perfección en persona, pudiste prometerme millones de cosas y todas las cumpliste, pero te falto prometerme un 'nunca te dejaré sola' y así aunque sea, podría echarte en cara no haberlo cumplido.
'Te odio' gritaste. No te quise creer, quizás porque entonces te quería demasiado, quizás porque no lo dijiste en serio. Pero hay una clara diferencia entre nosotros, yo seguí luchando; a diferencia de ti; aunque tú no lo supieses, aunque yo no quisiera hacerlo. A veces echo la vista atrás y pienso en las cosas que me gustaría cambiar, también sé que no sirve de nada, pero en esos segundos me veo envuelta en mi propia fantasía, donde yo decido el cómo, el cuándo y el por qué. Ahí dejo volar mi imaginación, que incluso piense en opciones imposibles. Puro morbo al fin y al cabo, ya que lo único que acabaría con mis fantasías ahora mismo, sería tu olor hecho mío.

lunes, 13 de agosto de 2012



Estaba esperando en el parque. Sinceramente no sé a qué, pero estaba esperando y me mantenía impaciente porque ya era parte de mí día a día. Decidí sentarme. Hacía bochorno, era pleno agosto. Entonces como por arte de magia, apareciste tú. Lo de encontrarte sin planearlo, después de estar demasiado tiempo buscándote sin ningún resultado, también estaba comenzando a convertirse en rutina. Y para no faltar a la costumbre ibas cuidadosamente descuidado, tan perfecto como siempre, con tus zapatillas medio rotas, tu sonrisa torcida y tu dichosa colonia. Sin pedir permiso, quizás porque sabías que no lo necesitabas o quizás porque si preguntabas te arriesgabas a un no, te sentaste a mi lado. Acto seguido me apartaste un mechón rebelde que al escapar de mi improvisada trenza había decidido cruzarse por mi frente. Como de costumbre, el simple contacto de tus dedos en mi piel me produjo escalofríos.
- ¿Me has echado de menos?
- Sabes que aunque quisiera nunca lo haría.
- Una pena. Bueno si te sirve de consuelo yo a ti sí.
- ¿Y eso me debería alegrar?
Te quedaste en silencio, pensativo. Y antes de pensar si quiera en responderme, te encendiste un cigarrillo.
Expulsaste el humo con exagerada lentitud mientras me mirabas atento.
- Sé que en el fondo me quieres. Y no hace falta que respondas.
En esos momentos no sé que me atraía más, si tu estúpida arrogancia o tus frases aduladoras.
Pero esta vez tenía que ser fuerte, tenía que mantenerme fría e indiferente.
- ¿Por qué has venido?
- ¿Qué pasa? ¿Ahora tampoco voy a poder ir al parque sin tener que darte explicaciones?
- Claro que puedes. Es más siempre lo has hecho y siempre lo seguirás haciendo. Lo de no darme explicaciones digo.
Te acercaste más a mí, divertido. Sé que esto te gustaba, sé que para ti era un juego. Pero también sé que era y soy tu juego preferido.
- ¿Puedo preguntarte algo?
- ¿No lo estás haciendo ya?
- De acuerdo. Después de todo el supuesto odio que me tienes, después de todo, ahora que eras 'feliz'... ¿por qué no te has quedado con ese chico rubio con el que has estado últimamente?
- Es simple. No me pidió que me quedase con él.
- ¿Y qué pasa si yo te digo que te quedes conmigo?
- Me lo pensaría, pero no lo has hecho.
- Lo hice el otro día.
- Ya son pocas las veces que me dices algo bonito y voy yo y ni me entero.
Me besaste. Con fuerza, con rabia, con pasión, con ganas de matarme a placer. Y después de destrozarme el peinado, te apartaste. Con tu sonrisa burlona. Podía haberme resistido, pero no lo hice, la verdad es que me dejé llevar por las ganas que te tenía. Pero, ¿sabes? Ese día estuve segura de que por mucho tiempo que pasase, tus labios seguirían sabiendo igual.